verde


Mi vida es como un gran y enorme colchón verde

O como esos botones que uno ve en las plantas en primavera y que prometen florecer en poco tiempo más.


Mi vida es como un botón verde y eso me gusta.


Para que la vida sea como un botón verde deben pasar muchas cosas.
Y a mí me han sucedido.


Hace casi cuatro meses me cambié de trabajo.
Por esos mismos días me enamoré caminando en la Feria del Libro.
Al mes y medio después me fui de mi casa
Y como acto de independencia asumí comprarme un auto potoncito y una cama como Dios manda.


He llegado a pensar que a mi blog le debería cambiar el nombre.
No sé si me sigo identificando con el sentido que pensé cuando le puse Revolución de Terciopelo.
Ya no creo que siempre haya cosas latentes por estallar.
Simplemente explotan, pasan y se dan.
Y me gusta eso.


He pensado en cambiar su nombre y simplemente ponerle Revolución Bolchevique.
Porque derroqué a mi monarquía familiar,
Porque vivo en comunidad y porque los cambios suman y siguen.


Y aunque lo único que extraño de García Moreno es a mi busset, la Julieta, y me desagrada la Justiciera -la gata que está hace años en mi nueva casa para hacer sus tareas y comerse a los ratones que había por ese entonces- nada se compara con la vista que tengo desde la ventana de mi pieza en la enorme casa de adobe, desde donde se asoman dos árboles que parecen sacados de un paisaje sureño.


Pero cómo no, los cambios siguen.
Verdes y frescos como un botón en el jardín.
Para llenar los pulmones de aire fresco como esas enormes copas en los árboles.